Mercedes García-Ojeda Sesión gratuita
← Volver al blog Abril 2026

Antes de calmar a tu hijo, respira tú

Cuando tu hijo está en plena rabieta, lo que más le ayuda no es lo que le dices, sino cómo estás tú mientras se lo dices.

Lo hemos leído mil veces: valida la emoción, ponle nombre, acompaña. Y está bien. Pero hay un paso que casi nunca se cuenta y que va antes de todo eso.

Si tú estás con el corazón a mil, la mandíbula apretada y pensando "otra vez no", da igual lo bonita que sea tu frase. Tu hijo no lee tus palabras, lee tu cuerpo.

Los niños se regulan con nosotras

Un niño pequeño todavía no tiene el freno puesto. Su cerebro está en obras, y la parte que ayuda a calmarse va madurando durante años. Mientras tanto, usa el nuestro. Se apoya en nuestra respiración, en nuestro tono, en nuestra forma de estar quietas.

Por eso, cuando nos alteramos con ellos, la tormenta crece. Y cuando conseguimos bajar un poco nosotras, ellos tienen dónde agarrarse.

Tres segundos para ti

No hace falta ninguna técnica complicada. Cuando veas que empieza la tormenta:

Apoya bien los pies en el suelo. Suelta los hombros. Echa el aire despacio, más largo de lo que lo tomas.

Son tres segundos. No arreglan la rabieta, pero te devuelven a ti. Y desde ahí, lo que digas va a sonar distinto.

No se trata de hacerlo perfecto

Habrá días en los que no llegues a respirar y grites. Nos pasa a todas. Lo importante viene después: volver, reconocerlo y reparar. "Antes te he gritado. Estaba muy cansada. No era culpa tuya." Esa reparación también enseña regulación.

Mercedes

¿Te has reconocido en algo de esto?

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